El sistema de formación bonificada tiene dos mecanismos que la mayoría de las empresas desconocen y que, bien aprovechados, dan mucho juego: el Permiso Individual de Formación (PIF) y la acumulación del crédito. El primero permite que un trabajador dedique horas de su jornada a formarse; el segundo, que las empresas pequeñas no pierdan el crédito que no gastan en un año. Ninguno de los dos aparece en las conversaciones habituales sobre FUNDAE, pero ambos pueden marcar la diferencia en la estrategia de formación de una empresa. En esta guía te explicamos qué son, quién puede usarlos y cómo sacarles partido.
Qué es el Permiso Individual de Formación (PIF)
El Permiso Individual de Formación, más conocido por sus siglas PIF, es un permiso que la empresa puede conceder a un trabajador para que realice una formación reconocida con un título oficial dedicando parte de su jornada laboral. Es decir, el empleado se forma en horas de trabajo, y la empresa se puede bonificar por el tiempo que ese trabajador dedica a la formación.
Las características principales del PIF son:
- Está pensado para formaciones dirigidas a la obtención de una titulación oficial o acreditación reconocida (no para cualquier curso interno).
- La empresa puede bonificarse hasta 200 horas laborables por trabajador y año (o curso académico).
- Cuenta con un crédito adicional específico, separado del crédito general de formación de la empresa, de modo que usar el PIF no consume el crédito que la empresa destina a otras acciones formativas.
- La iniciativa parte del trabajador, que solicita el permiso, y la empresa lo autoriza.
El PIF es, por tanto, una herramienta de desarrollo profesional a más largo plazo, útil para acompañar a empleados que están cursando una titulación relacionada con su puesto.
Para qué sirve el PIF en la práctica
En el día a día, el PIF encaja bien cuando un trabajador está sacándose una titulación oficial —un grado, un certificado de profesionalidad, una acreditación reconocida— y necesita tiempo para asistir a clases, tutorías o exámenes. La empresa, en lugar de que ese empleado tenga que hacerlo todo fuera de su jornada, le concede el permiso y se beneficia de un crédito específico para ello. Es una forma de apoyar la cualificación de la plantilla sin renunciar al crédito general de formación, que se puede seguir usando para otras acciones como los idiomas.
Conviene distinguir el PIF de la formación programada habitual (cursos de idiomas, técnica, habilidades…): esa formación se gestiona con el crédito general y se explica en cómo bonificar un curso con FUNDAE paso a paso. El PIF es un carril aparte, con su propio crédito y su propia finalidad.
Qué es la acumulación del crédito
El segundo mecanismo poco conocido es la acumulación del crédito. Como regla general, el crédito de formación es anual: si no se usa antes del 31 de diciembre, se pierde. Pero hay una excepción importante para las empresas pequeñas.
Las empresas de menos de 50 trabajadores pueden acumular el crédito que no consuman y utilizarlo en los dos ejercicios siguientes. Es decir, en lugar de perder el crédito sobrante de un año, pueden "guardarlo" para gastarlo más adelante, sumándolo al crédito de los años posteriores.
Esta posibilidad es especialmente valiosa para las pymes, que a veces no logran organizar toda la formación que quisieran en un solo año. Gracias a la acumulación, ese crédito no se pierde y puede destinarse a un plan de formación más ambicioso en los ejercicios siguientes.
El requisito clave: marcarlo antes del 30 de junio
La acumulación no es automática. Para acogerse a ella, la empresa debe marcar la casilla correspondiente en la aplicación de FUNDAE antes del 30 de junio del ejercicio. Si esa fecha pasa sin haberlo indicado, se pierde el derecho a acumular el crédito de ese año, que quedará sujeto a la regla general de "úsalo antes de fin de año o piérdelo".
Es un detalle fácil de pasar por alto y que, sin embargo, puede suponer conservar o perder una cantidad importante de crédito. Por eso conviene tenerlo en el calendario de gestión, junto con el resto de fechas clave que repasamos en plazos y calendario FUNDAE.
Cómo aprovechar ambas ventajas en tu estrategia
Combinar bien estos dos mecanismos permite a una empresa exprimir el sistema. El PIF sirve para apoyar la cualificación oficial de empleados concretos sin tocar el crédito general; la acumulación evita que las pymes pierdan crédito y les permite planificar la formación con una visión plurianual. Una empresa que conozca ambas herramientas puede diseñar una estrategia de formación más flexible y aprovechar hasta el último euro de su crédito. Y si prefiere no ocuparse de estos trámites y plazos, un proveedor que gestiona FUNDAE los controla por ella, como hacemos en tuSpeaking: puedes verlo en la guía de formación bonificada con FUNDAE.
En qué se diferencian el PIF y la formación programada
Conviene tener clara la diferencia entre las dos grandes vías del sistema, porque a menudo se confunden. La formación programada es la que la empresa organiza para su plantilla —cursos de idiomas, técnica, habilidades—, se gestiona con el crédito general y la iniciativa parte de la empresa. El PIF, en cambio, lo solicita el trabajador para cursar una formación oficial por su cuenta, se centra en la obtención de un título reconocido y dispone de un crédito adicional específico.
Dicho de otro modo: con la formación programada, la empresa decide qué formar y a quién; con el PIF, es el empleado quien impulsa su desarrollo hacia una titulación y la empresa le facilita el tiempo. Ambas vías son compatibles y pueden convivir en la misma empresa el mismo año: se pueden formar equipos en inglés con el crédito general y, a la vez, conceder un PIF a un trabajador que está sacándose una titulación. Conocer esta distinción evita mezclar créditos y permite exprimir mejor todas las posibilidades del sistema.
En resumen
El PIF (Permiso Individual de Formación) permite que un trabajador dedique hasta 200 horas laborables al año a formarse para obtener una titulación oficial, con un crédito adicional específico. La acumulación del crédito permite a las empresas de menos de 50 trabajadores conservar el crédito no consumido y usarlo en los dos años siguientes, siempre que lo marquen antes del 30 de junio. Son dos ventajas poco conocidas del sistema FUNDAE que, bien aprovechadas, dan mucha más flexibilidad a la estrategia de formación de una empresa.
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