Formar a un equipo en inglés no es "contratar clases". Es una decisión de RRHH que, bien planteada, es rentable y fácil de justificar; mal planteada, se convierte en un gasto que nadie usa. Esta guía reúne el orden correcto para montar el plan: de la decisión al programa, paso a paso.
1. Decide si y para quién
El primer error es formar a toda la plantilla "por si acaso". Casi nunca hace falta. Antes de nada, responde:
- ¿Qué perfiles usan (o van a usar) el inglés de verdad? Comercial, atención al cliente, compras, dirección, técnico…
- ¿En qué situaciones? Reuniones, correos, llamadas, negociación, coordinación con una central.
- ¿Estamos perdiendo eficacia por el idioma? Correos que cuestan, reuniones a medio gas, clientes que agradecerían ser atendidos en inglés.
La clave es formar solo a quien lo usa, con un objetivo claro. Si tienes dudas sobre qué es "el inglés que necesita cada puesto", el artículo sobre inglés de negocios lo desglosa.
2. Define objetivo y nivel meta por grupo
No es lo mismo preparar a un equipo de atención al cliente que a dirección. Define el objetivo (atender, negociar, coordinar) y el nivel meta por grupo. Para la mayoría de puestos, un B1–B2 funcional basta para ser operativo; reservar niveles altos solo para quien de verdad los necesita evita sobreinvertir.
Un ejemplo de cómo aterrizar esto: un grupo de atención al cliente puede tener como meta "resolver incidencias y dudas en inglés con soltura" (un B1–B2 orientado a soporte), mientras que el equipo de dirección persigue "conducir reuniones estratégicas y reportar a la matriz". Son dos objetivos distintos, dos niveles meta distintos y, por tanto, dos programas distintos —aunque compartan proveedor. Definir esto por grupo desde el principio es lo que evita el clásico "curso de inglés para todos" que no sirve del todo a nadie.
3. Confirma el punto de partida
Antes de agrupar, haz un test de nivel inicial. Es lo que evita mezclar a alguien que arranca de cero con alguien que ya se maneja —la causa número uno de que la gente abandone. Con el nivel de partida y el objetivo, los grupos se forman bien y el progreso es real.
4. Formato y metodología
Aquí se decide si el plan funciona o se queda en el cajón:
- Profesor nativo que corrija desde la primera clase.
- Contenido del puesto (las situaciones reales de cada perfil), no un temario genérico.
- Formato que encaje con los horarios: online o híbrido, para equipos en varias sedes o en remoto.
- Reparto inteligente de las horas: clases de conversación + práctica autónoma + exposición al idioma, para avanzar sin saturar al empleado.
Sobre este último punto conviene detenerse, porque es donde muchos planes fracasan. No se trata de meter tres horas seguidas de clase a la semana y esperar milagros: eso satura al empleado, choca con su carga de trabajo y termina en abandono. Lo que funciona es repartir: una o dos sesiones de conversación con el profesor nativo, un poco de práctica autónoma en plataforma cuando cada uno pueda, y exposición al idioma en su día a día (una reunión en inglés, un podcast del sector, material real). Así el avance es sostenido y compatible con el trabajo. Un plan que respeta el tiempo del empleado es un plan que la gente termina.
5. Mide, justifica y financia
Un plan sin medición no se puede defender ante dirección. Necesitas reporting de asistencia y progreso por nivel MCER, para saber quién avanza y quién necesita apoyo. Cómo medir el nivel y el retorno lo tienes en el artículo sobre medir el nivel y el ROI. Y el coste se acota con FUNDAE: la formación de inglés es 100% bonificable, como explicamos en la guía de inglés bonificable con FUNDAE.
Errores frecuentes al planificar
- Formar a todos por igual en lugar de a quien lo usa, con un nivel meta por grupo.
- Saltarse el test inicial y acabar con grupos desnivelados.
- Elegir un temario genérico en vez de contenido del puesto.
- No medir: sin reporting, la formación no se puede justificar ni mejorar.
- Olvidar FUNDAE, y pagar de más por algo bonificable.
Checklist antes de contratar
- [ ] ¿Qué perfiles necesitan inglés y para qué?
- [ ] ¿Nivel meta por grupo?
- [ ] ¿Test de nivel inicial?
- [ ] ¿Profesor nativo y contenido del puesto?
- [ ] ¿Formato (online/híbrido) y horario que encaje?
- [ ] ¿Reporting de progreso para RRHH?
- [ ] ¿Está la gestión FUNDAE incluida?
Con este orden —decidir si y para quién, fijar objetivo y nivel, confirmar el punto de partida, elegir formato y metodología, y medir y financiar— el plan de inglés deja de ser un gasto difuso y se convierte en una inversión acotada, medible y fácil de justificar. Y si dudas entre proveedores, el último paso es comparar bien: lo vemos en academia vs plataforma.
Cuándo formar y a quién, cómo montar el plan, medir el progreso y financiarlo al 100% con FUNDAE. Descarga el ebook para RRHH.
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